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Una ola contra las rocas

Una ola contra las rocas

 

Libro Caída de un pájaro en el mar, de Gian Pierre Codarlupo.

Universidad Nacional de Piura.

Poesía. 51 páginas.

Escrito por Patricio Contreras.

 ¿A cuánto queda Paita de Valparaíso? Paita es la ciudad capital de una provincia que lleva su nombre, en el norte del Perú, y es el lugar de nacimiento de Gian Pierre Codarlupo, autor de Caída de un pájaro en el mar, su primer libro. En Paita se ubica uno de los puertos más importantes del país vecino y, a pesar de algunas diferencias geopolíticas evidentes, sus semejanzas culturales con Valparaíso hacen que algunos versos de la presente obra resuenen en estas costas como si hubieran sido concebidos aquí.

Por ejemplo, en un poema titulado “He olvidado al hombre que no olvida”, el poeta señala: “Y reconocer / que en realidad no hay ningún nombre, / que solo somos la extinción de un puerto / atravesado por sí mismo”, para luego rematar: “Y sin embargo, el incendio ya no nos devora, / hemos aprendido / a morir bajo la lluvia” (41). La ferocidad de estas imágenes es fácil de situar en el imaginario de Valparaíso, lo que me lleva a preguntar: ¿Será verdad que todos los puertos del mundo son iguales? Quizá un primer golpe de vista nos engañe, quizá incluso nos haga dudar, pero es evidente que no, y este libro es una prueba de ello.

Lo anterior lo digo porque la identificación del sujeto con su territorio es un tema que me obsesiona tanto como al autor. La relación crítica y particular que mantiene Gian Pierre Codarlupo con su lugar de origen es digna de notar. Sin ir más lejos, en el poema titulado “A la mar”, declara: “Esta bahía se detuvo nuevamente en mis zapatos, / en mi garganta, y ya no me conoce. / No, no hay forma de que me haya inventado” (39). ¿Es eso posible? Creo que no, pero Caída de un pájaro en el mar está construido justamente sobre esa contradicción de base, ya que se erige como un ejercicio de fuga hacia dentro, como inmersión en el mundo propio en un intento desesperado por huir de un espacio que, paradójicamente, le da forma a dicho mundo interior y, por consiguiente, a esta poesía.

Esto es notable en el poema “Un cuerpo humano”, donde Codarlupo confiesa: “Necesito una palabra / que pueda combatir su origen / y que no me observe / mientras acomodo la maleta, / porque ahora mismo saldría para Chile / a destruir mi herida, / a recoger mi rostro” (31). Como se puede apreciar, la fuga es constante. La guerra es contra el origen. El arma adecuada para este combate es la escritura, pero tiene doble filo, ya que la mano que escribe es flor y nata de ese mismo origen, de ese espacio vital donde ha emergido la voz iconoclasta del poeta, quien pretende destruir a toda costa este espejo de agua donde se refleja aterrado.

Muy lejos de ser un error, este devaneo, esta tentativa –tan terrible como imposible– que representa su propio exilio, le entrega una intensidad y una valentía destacable a este primer libro, donde somos testigos de confesiones tan severas como la siguiente, incluida en el poema titulado “Oscuridad”, donde el autor plantea: “Para qué ser escritura –me pregunto, / mientras las luces de mi ciudad / (inalcanzables, como siempre) / me dicen que ya he perdido / mi lugar / entre los muertos” (26); u otro pasaje similar, en el poema “Retazos”, donde se pregunta: “¿Por qué escribir / si la palabra / es una morada que abandonamos?” (43).

Me parece que Caída de un pájaro en el mar es precisamente la respuesta que intenta resolver ese problema. Es la constatación de la propia escritura poética como acto de identidad y memoria. Una especie de contramonumento que registra los olvidos, las muertes y los afectos al candor de una voz incómoda, sugerente, que desajusta todo a su paso en esa ingrata labor que es evocar los recuerdos de manera activa, sin dejar que el abandono lo cubra todo.

Esa lucha quijotesca se ve perfectamente retratada en el poema “Sobre una ola que combatió contra las piedras”, metáfora elocuente del propio autor –en su clara identificación con el mar– fustigando a su ciudad natal, mientras descubre en el acto la paradoja constatada con anterioridad, piedra angular del libro. Codarlupo, en un gesto doble de identificación y distanciamiento, en dicho poema habla como habitante de Paita, desde ese espacio contradictorio de enunciación, reconociendo: “No nos hemos percatado / de que la destrucción / también es nuestro origen / y de que el amor / es una herida ingobernable / que de vez en cuando nos sostiene” (40).

Ese es el complejo nudo que la obstinación del poeta intenta desatar contra viento y marea. Y es precisamente esa actitud testaruda y vehemente la que me gustaría destacar en este momento, al presentar su primer libro. Valiéndome de los versos que cierran la publicación, creo que vale la pena preguntarse: “¿Qué hacer con este hombre / que olvidó su rostro / para buscar su voz?” (49). Me parece que seguir el desarrollo de su escritura poética, entendiendo este libro como el mero comienzo de una obra tan terca e indócil como el mar que azota a estos puertos

Equipo de Redaccion

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