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Tallado de lápidas de mármol, el oficio que se niega a morir en Valparaíso

Tallado de lápidas de mármol, el oficio que se niega a morir en Valparaíso

8 septiembre, 2015cementerioslapidasvalparaíso6946Views

Al lado del cementerio Nº 3 de Playa Ancha está la marmolería artesanal. Allí, Juan Godoy es uno de los últimos talladores de lápidas de la ciudad puerto. Toda su vida ha estado ligada a trabajar con la muerte. Tanto, que ya talló su propio lápida.

Marysol Bustamante A.

En la calle Galvarino, en Playa Ancha,  está una de las pocas marmolerías que quedan en Valparaíso. La oficina para atender a los deudos que buscan lápidas personalizadas está llena de gente. Al fondo, Juan Godoy sentado toma apuntes del nombre de un fallecido. Su cara está llena de polvo blanco, al igual que su camisa y pantalones. Justo acaba de cobrar unos doscientos mil pesos por una lápida de mármol. El negocio de la muerte va bien.

Juan siempre ha trabajado con la parca. Comenzó joven, acarreando agua por los laberintos del cementerio Nº 3 de Playa Ancha. No se acuerda bien cómo fue que empezó a tallar mármol. Simplemente, “había que mantenerse, parar la olla, así que empecé a dedicarme a este trabajo”.

Detrás de la oficina donde recibe a sus clientes, hay una puerta que da al patio trasero. Allí, Godoy pasa todos los días trabajando con el cincel y mármol. También lo acompaña en esta labor su hijo de 13 años, que aún aprende el oficio, y “Brasil”, un hombre de unos 50 años que trabaja con él. “nunca le entendimos cómo se llamaba, así que le decimos ‘Brasil’ nomas, porque viene de allá”.

UNO DE LOS MÁS VIEJOS

Juan sabe que es uno de los mejores en este oficio. Junto a la llegada de los cementerios parque, la tradición de comprar lápidas personalizadas, con moldes y distintivos para los difuntos ha ido quedando atrás. Ahora dice, “hacen unas lápidas chiquitas sin mucha gracia. Hacen las letras con plantillas a computador y listo. En cambio nosotros le dedicamos cariño”.

Juan dice que es uno de los más viejos en esto. Por eso, tiene la maestría que da la experiencia. Toma una escuadra vieja, que ya no tiene las marcas de los centímetros y tira cuatro líneas con un lápiz grafito. A mano alzada, hace una letra “S” perfecta. Lo mismo hace con el cincel: “esto lo hago a mano alzada, porque tengo el oficio”, dice riendo.

Las lápidas de mármol pueden costar desde 75 mil a 200 mil pesos. Juan ofrece la alternativa de una de cemento mezclado, que se ve de un color blanco impecable. Esa cuesta desde $25 mil pesos.

Su hijo de trece años está aprendiendo el oficio, una labora que seguirá de generación en generación.
Su hijo de trece años está aprendiendo el oficio, una labora que seguirá de generación en generación.

GENERACIÓN EN GENERACIÓN

Juan es el primero de su familia en trabajar en este oficio, que le ha dado de comer y ha permitido criar a sus hijos. Uno de ellos tiene trece años y está comenzando en interiorizarse en el tallado del mármol, para continuar con el negocio. Sus dos hijos, Zacarías y Antonio ya se manejan bien en esto. Definitivamente, el negocio no morirá con él.

Dentro de los recuerdos que tiene de este oficio, cuenta que tuvo el honor de tallar la lápida de Juan Farías, quien entonó miles de veces “La Joya del pacífico”, y varios otros  personajes de la bohemia porteña. Pero quizás la más importante que hizo, fue la suya. Tras un  infarto, fue operado a corazón abierto y una cicatriz en el centro de su pecho se la recuerda. Después de eso, se dio cuenta que la muerte, aunque siempre ha estado cerca, podía llevárselo en cualquier momento. Por eso talló la lápida para el nicho familiar, que está justamente, al lado del negocio de su vida, en el cementerio nº3. LOV

Equipo de Redaccion

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