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Nueva York rinde homenaje a Gabriela Mistral inaugurando campus educativo en Queens

Nueva York rinde homenaje a Gabriela Mistral inaugurando campus educativo en Queens

Corona, uno de los barrios con mayor concentración de latinos en Queens, Nueva York, tiene muchísimos más habitantes, negocios, restaurantes y movimiento que Montegrande, el pueblo chileno ubicado en el Valle del Elqui. Pero desde septiembre de 2016, un invisible y aún delgado hilo conecta a las dos localidades.

El 22 de septiembre el departamento de Educación de Nueva York inauguró en Corona el Gabriela Mistral Campus, un edificio de cinco pisos que alberga tres programas de educación pública que le da formación gratuita a 755 alumnos del barrio. El 95 por ciento de ellos son de origen latino, todos conocen los poemas de Gabriela Mistral y muchos saben que Chile es un país largo y flaco, entre el mar y la cordillera.

“Conocimos a Gabriela Mistral a través de nuestros maestros”, dijo a La Tercera Guadalupe Sánchez, alumna de octavo básico del Corona Arts and Sciences Academy o CASA, una escuela secundaria ubicada en el campus. “Fue una maestra que ayudó a varios niños y una poeta que fue la primera mujer latina que ganó el premio Nobel de Literatura”, agrega.

En la entrada del edificio, una gran vitrina deja ver dibujos y textos hechos por los alumnos sobre la poeta chilena. Y un poco más adentro, una placa conmemora la inauguración del campus, con esa foto de Gabriela joven, sonriente y con boina negra y la cita en inglés: “Al niño no podemos contestarle mañana, su nombre es hoy”. En el segundo piso, en la biblioteca, hay una sección con sus libros en inglés y en español. Y en los pasillos, diarios murales con cartas para la poeta, dibujos y banderas chilenas.

La responsable de esta embajada mistraliana en medio de Nueva York es la Gabriela Mistral Foundation, que este año cumple 10 años. Su presidenta, Gloria Garafulich-Grabois, llevaba nueve años intentando convencer al Departamento de Educación de la ciudad de nombrar una de sus escuelas públicas en honor a la Mistral. La Embajada de Chile también ayudó.

“Fue súper difícil y mucha gente me decía que me diera por vencida”, dice Garafulich-Grabois una mañana de diciembre. “Pero yo decía no. Fue aquí donde publicó su primer libro (Desolación, 1923), fue aquí donde murió (Long Island, NY, 1957), fue aquí donde trabajó y enseñó, donde Barnard College le dio un título honorario… ¡Es tan importante! Así es que seguí”.

Para Beth Hert, la directora de CASA, el nombre del campus y la presencia de la fundación han sido buenas noticias.

“Los valores de nuestra escuela son perseverancia, liderazgo y respeto, y nuestra visión tiene que ver con la alfabetización y el arte”, dice Hert. “Cuando me preguntaron, leí un par de sus biografías, porque no sabía quién era, y me di cuenta de que calzaba perfecto”, agrega.

La fundación trabaja con un “Team Mistral” compuesto por profesoras de las tres escuelas, para organizar concursos de poesía, arte y ajedrez, charlas, clases y presentaciones musicales de grupos o artistas chilenos. Daniel Castro, uno de los guionistas de Historia de un Oso, prometió ir a presentar el corto ganador del Oscar a los alumnos de Corona.

“Nuestros alumnos vienen de familias donde los padres no tienen necesariamente el tiempo para llevarlos a los museos o el dinero para pagarle clases de arte”, dice Melida Barbosa, profesora de CASA. “Con este tipo de actividades los estamos transformando. Una de nuestras alumnas hoy se levantó de su silla y dijo, estas son sus palabras, que Gabriela Mistral le dio voz a los sin voz y le permitió a las niñas saber que pueden ser mucho más que esposas y hacer más que solo cocinar”.

“Hay muchos estereotipos que dicen que las mujeres no pueden hacer ciertas cosas, pero ella hizo mucho más que eso”, dice George Sucuzhañay, un alumno de octavo básico de CASA que quiere ser ingeniero en tecnología y está contento de haber conocido a Mistral. “Yo ahora veo a las mujeres de manera diferente. Son más grandes, son grandes luchadoras”.

Garafulich-Grabois sonríe al escucharlo. Para ella lo importante es inculcarles el “sello mistraliano”, esa noción de que con esfuerzo todo es posible, incluso viniendo de una familia pobre o de un pueblo en el fin del mundo.

Sánchez, Sucuzhañay y otros alumnos hicieron un video para mandarle a los alumnos de la escuela rural de Montegrande mostrándoles el barrio y su colegio. Los alumnos chilenos, a su vez, les mandarán un video mostrándoles la escuela donde estudió Mistral, el valle y sus estrellas.

“Me imagino Chile como con calles no tan organizadas como las de acá, sino más bien como las de Tlaxcala [México], de donde vienen mis padres”, dice Sánchez.

“Yo sé que Chile tiene las Andes Mountains y una comida bien rica”, agrega Sucuzhañay. “Arroz con habichuelas y pollo”.

No hay ningún chileno en el Gabriela Mistral Campus que lo corrija. Pero puede que la curiosidad que le han inculcado por la poesía chilena lo lleve algún día al caldillo de congrio.

“Me parece que no podría estar en un mejor lugar”, dice Garafulich-Grabois, emocionada al salir del campus. “Esto personifica el pensamiento de Mistral, de unión americana, no importa de dónde vengas o quién seas. A estos niños les tienes que dar todas las oportunidades porque alguno de ellos puede ser una próxima Gabriela. Este barrio es el ideal”.

Por Catalina Jaramillo para La Tercera.

Equipo de Redaccion

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