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Museo Cielo Abierto: un atractivo de Valparaíso en pleno deterioro

Museo Cielo Abierto: un atractivo de Valparaíso en pleno deterioro

Así se encuentra una de las obras del Museo: lleno de rayados.
Así se encuentra una de las obras del Museo: lleno de rayados.

Rayados, construcciones y la mano del hombre han ido deteriorando el valioso recorrido urbano artístico. Hoy expuesto a la intervención de terceros, el abandono de autoridades y la falta de preocupación se encuentra en un estado que deja harto que desear. Acá la curadora de esta exposición al aire libre y el encargado de cultura del municipio entregan fechas de su restauración y rinden cuentas.

Por Víctor Guillou Vásquez

Valparaíso con sus cerros llenos de colores y murales encanta y maravilla a los turistas que llegan desde todos los rincones del mundo. Uno de los lugares que ha ido en alza en la ciudad puerto gracias a las visitas ha sido el Cerro Bellavista, un sector que se ha transformado en un importante polo de atracción gracias a sus galerías, restoranes y museos. Sin embargo, no todo anda bien en el pujante cerro.

El famoso Museo Cielo Abierto ubicado en este cerro se encuentra con profundas heridas. La serie de murales que adornan casas y pasajes hace 20 años no presenta su mejor cara. La Otra Voz recorrió el camino del museo desde su inicio en Subida Pasteur, a un costado del abandonado Ascensor Espíritu Santo,  hasta su final en calle Ferrari. El diagnóstico fue tráfico. Los primeros murales de los artistas Mario Carreño y García barros se encuentran tristemente afectados por rayados con spray y descolorados por culpa del paso del tiempo, el sol y el aire marino. Sus primeros murales se encuentran acompañados de graffitis en completa disonancia artística con cada una de las obras.

El desolado panorama continúa en la parte alta de la misma subida, llegando a calle Héctor Calvo, donde un edificio en construcción abando nado, tapa con sus placas de maderas otra gran obra del recorrido: el mural de la artista Matilde Pérez. Escondido detrás de los restos, pasa desapercibido, protegiéndose de los rayados, pero completamente ignorado.

LA DENUNCIA VECINAL

La triste situación del alguna vez atractivo Museo fue denunciada por sus vecinos al municipio. Una de ellos, Carolina Gálvez, artista de Vitrales, posee su taller muy cerca del edificio a medio terminar que dejó completamente tapado el famoso mural y es de las más molestas por este deterioro del sector. La miembro de la agrupación “Salvemos Valparaíso”, relata que hace 5 años se demolió una antigua vivienda porteña, dejando una excavación que recién  hace un año fue usada para construcción. Y ahí, empezaron los dolores de cabeza. “Traían unas máquinas para perforar la roca que eran muy grandes, prácticamente no cabían en las calles, porque acá es muy angosto.  Entonces empezaron a hacer destrozos antes de llegar acá para poder pasar con las máquinas, y empezó el problema con las casas colindantes al terreno”, recuerda Carolina Gálvez (Vea el video).

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Paola Pascual, curadora del museo Cielo Abierto de la PUCV, dice que en mayo comenzará la restauración.

Así, la junta de vecinos del lugar empezó una lucha judicial que llevó a la obra a ser detenida en reiteradas ocasiones, logrando difundir su lucha y preocupación por el sector en la prensa. Para Carolina, esa era una “pelea campal”. “Le cerrábamos el paso para que las máquinas pasaran pero rompían igual, nos rayaron los autos a los que sabían que estábamos involucrados, a una niña la amenazaron. Incluso se llegó a ese nivel matonesco. Y de repente, hace un año atrás, se cerró el perímetro y no llegaron más. Al principio había un guardia pero duró un par de meses, y después quedó todo abandonado”.

Después de eso, la delincuencia se apoderó del lugar ya que continuamente hubo robos tanto en la construcción abandonada -hurto principalmente de materiales y herramientas de construcción- así como también a los vecinos.

La vecina y activista cuestiona el origen de la construcción inmobiliaria y apunta a la municipalidad porteña como la principal responsable del deterioro del sector, refutando los dichos de la encargada de la Oficina de Patrimonio, Paulina Kaplan. “Cómo es posible que un particular como es una constructora, pueda tener primero un permiso para construir dentro de un sector que es un museo y sobre un mural. Una vez que además se entrega el permiso, no fiscalizan y no vela por el sector. (…) Hasta la Paulina Kaplán lo dijo, que esto le iba a traer beneficio, desarrollo y modernidad al cerro.  Me encantaría que venga a ver el beneficio que le trajo al cerro, porque se ha deteriorado mucho. Y el problema de la basura es canalizado por lo mismo”, señala la artista porteña.

¿QUIÉN CUIDA LOS MURALES?

El Museo a Cielo Abierto nació en 1992, bajo el alero de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), quien gracia a un convenio con la Municipalidad alberga 20 murales de destacados artistas nacionales, convocados por el profesor y pintor Francisco Méndez. Entre muros de contención, escaleras y pasajes de escaleras y recovecos del cerro Bellavista, se exhiben obras de artistas de la talla de Roberto Matta, Mario Toral y Nemesio Antunez.

Paola Pascual, curadora de la PUCV de esos murales, coordina el trabajo artístico de los alumnos que participan de la iniciativa, los encargados de asumir las tareas de restauración que anteriormente se han desarrollado. Sin embargo, hace cerca de un año que su labor se concentró en realizar un chequeo del estado y realizar un análisis de las obras. “La intención es que ahora retomamos nuevamente el trabajo con los vecinos y con algunos alumnos a trabajar de nuevo lo que es el rescate del entorno y de las obras. Eso era lo que veníamos haciendo, exceptuando este año pausa que nos dimos porque era necesario hacer una investigación más profunda de lo que pasa con la materialidad.”, explica Paola.

La encargada de velar por las obras artísticas del Museo a Cielo Abierto explica que el último lazo formal entre la universidad y la municipalidad porteña se remontó al año 2010, fecha en la que firmaron el último convenio con la administración de Jorge Castro, quien prestó andamios para las labores de recuperación y se comprometió a labores de aseo en el sector.

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Carolina Gálvez dice que una pelea campal con la inmobiliaria que tratao de construir un edificio en el corazón de Cerro Bellavista.

Jacobo Ahumada, encargado de la Dirección de Cultura de la municipalidad de Valparaíso, era el encargado directo de mantener el lazo con Paola Pascual. Para él, existen responsabilidades compartidas entre ambas instituciones por el actual estado de abandono que se vive en el sector. “El trabajo nuestro era facilitar andamios, que eso lo tenemos. Había cosas puntuales, como que teníamos que sacar unas basuras, que tampoco se hicieron con la prontitud que tenían que hacerse. Hay que hacer un mea culpa de ambos lados”, comenta Ahumada.

Pero precisamente una de las mayores complejidades que asume esta iniciativa es al mismo tiempo su principal característica: estar expuesta en espacios públicos. En esa línea, ambos encargados señalan la importancia de la labor de la comunidad en resguardar la integridad de los murales. De hecho, destacan el importante rol que jugaron desde sus inicios en el desarrollo de esta iniciativa, una labor que se desarrolló tanto en la Junta de Vecinos como con los mismos dueños de los muros. “Hemos tenido mayor contacto con los mismos vecinos que son dueños de los muros, o vecinos aledaños del patio común que tienen con el Museo. Ellos se preocupan de llamarnos cuando hay algún inconveniente. Porque ellos a su vez se dedican correr a la gente cuando ven que puede haber algún problema”, explica Paola Pascual, curadora del Museo Cielo Abierto.

Por su parte, la autoridad municipal, si bien reconoce el importante vínculo con los vecinos en sus comienzos, asegura que la composición del sector se ha ido modificando por lo que el contacto con muchos de ellos se perdió, generando descoordinaciones en el cuidado de los murales. “El cuidado siempre le ha competido a la comunidad. La comunidad fue la mejor aliada en el cuidado de los murales desde el primer periodo. Los tarros de pintura se guardaban en las casas de la gente, ellos estaban contentos con lo que se hacía y eran los preocupados de cuidarlo y mantenerlo, y de darle la difusión al sector. Pero ese lazo también se fue perdiendo, fue llegando otra gente, se fueron cambiando los antiguos y se produce todo un proceso de inmigración en el sector también. Es algo bien curioso, desde el punto de vista sociológico, lo que sucedió en el lugar”, señala Ahumada.

Lo cierto es que según lo señalado por la curadora del Museo, este año debería retomarse el trabajo con la comunidad, y las labores de restauración de las obras artísticas. En una primera etapa, la cual comenzaría en mayo, se eliminarían los grafittis que afectan sobre todo a los murales ubicados en la parte más cercana al plan, en la subida Pasteur. Luego vendría la etapa más lenta que es recuperar del paso del tiempo, la acción de viento, el sol y el aire salino, a los murales que se han ido descolorando, y también a los que han sido afectados por rayados.

En cuanto al futuro del mural de Matilde Pérez, poco se sabe, la constructora que dejó abandonada la construcción del edificio no ha entregado información a la municipalidad sobre cuándo se retomarán las obras. Una de las situaciones que grafica lo frágil que es el equilibrio entre el valor artístico y turístico de un cerro tradicional de Valparaíso, con el desarrollo impulsado por las mismas autoridades porteñas.

Vea galería del deterioro del Museo Cielo Abierto.

Equipo de Redaccion

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