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Inclusión educativa superior

Inclusión educativa superior

Juan Pablo Cofré habló sobre su experiencia en la universidad y cómo todavía falta avanzar en la inclusión educativa. Foto de PUCV.

A fines de marzo se realizó un encuentro para conocer cómo se ha progresado en la inclusión de personas con discapacidad a nivel educativo superior en Chile. Esta vez la Quinta Región fue el hogar de la cita, donde hubo testimonios de universitarios con capacidades diferentes y se reunieron expertos en el tema. La Otra Voz fue el único medio presente y esto fue lo que escuchamos.

Por José Cuadra V.

Los planteles universitarios de la Universidad Federico Santa María, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Universidad de Playa Ancha, Universidad del Mar, Universidad Santo Tomás, Universidad de Valparaíso y Universidad Andrés Bello, desde el 2008, dan forma a la Red RESI (Red Regional de Educación Inclusiva), con un objetivo claro: “Conformar una Red colaborativa de Trabajo e Investigación en pro de la Inclusión Educativa de las Personas con Discapacidad en Educación Superior”, tal como queda de manifiesto en su sitio web.

En dependencias del salón del campus Los Castaños de la Universidad Andrés Bello, el viernes 30 de marzo se dieron a la tarea de desarrollar la segunda versión del  Seminario de Educación Inclusiva para la Educación Superior. La idea como explica, Viviana Castrillón Uribe, Jefa de Unidad y Beneficios de la Dirección de asuntos Estudiantiles (DAE) de la PUCV, fue compartir de forma presencial experiencias y vivencias frente al tema de la inclusión en educación superior. “Es interesante juntarse a poder conversar de cómo las casas de estudios enfrentamos el tema de incluir a estudiantes con discapacidad en el mundo de la universidad. La idea es exteriorizar lo que hay versus lo qué falta para poder entender que somos todos partes de la misma sociedad”, relata la profesional.

TRISTE PANORAMA ACTUAL     

La tarea al parecer parece amplia, sobre todo si se revisa el primer estudio nacional sobre la discapacidad Estudio Nacional de Discapacidad (Endisc) que durante 2004, desarrolló de forma conjunta, el Fondo Nacional de Discapacidad (Fonadis) y el Ministerio de Desarrollo y Planificación (Mideplan), donde  constataron en aquel entonces que en la Quinta Región existen 139.399 personas que poseen algún grado de “discapacidad”.  Pese a no ser una tan alta cifra -corresponde al 8,5% de la población total- toma un color de tristeza cuando se advierte que un 7% de ellas no cuenta con ningún año aprobado de estudio. Asimismo, más de un tercio no ha podido completar su educación básica; sólo un 13,5% terminó la enseñanza media y un mísero 1,6% ha podido adentrarse en el mundo de la educación superior, en cualquiera de sus formas.

Con este panorama arrastrándose en la zona, la cita a las 10 de la mañana comenzó con un poco de retraso, pero con entusiasmo. Gracias al aporte de 2 traductoras de lengua de señas el director del Servicio Nacional de Discapacidad (Senadis) regional, Francisco Laso, dio la bienvenida a todos los asistentes con y sin opción de escuchar por el oído.

Egresada de la UPLA de la carrera de Traducción e Interpretación, María Loreto Salgado, contó sobre su experiencia en la universidad. Foto de Upla.

Posteriormente, se dieron una serie de ponencias, donde destacaron los testimonios de estudiantes con capacidades diferentes. Primero hizo su entrada la egresada de la UPLA de la carrera de Traducción e Interpretación, María Loreto Salgado, quien relató cómo ha enfrentado el desafío de aprender el idioma inglés a partir de su ceguera. Luego llegó el turno del estudiante de quinto año de la carrera de Ejecución en Informática de la PUCV, Juan Carlos Cofré, quien compartió con los más de 200 asistentes su visión de la accesibilidad en los espacios universitarios para personas que como él que utilizan las sillas de rueda como su transporte.

“Debo decir que he tenido la suerte de contar con mucha gente que me ayuda, pero lamentablemente, si no se entregan herramientas más allá de que exista o no una persona con algún tipo de discapacidad, tendremos que seguir estando sujetos a la buena voluntad de las personas, y no a una inclusión real”, explicó el estudiante.

Tras la intervención de los estudiantes, llegó la instancia de disfrutar de un ameno cóctel, gentileza de los organizadores. Allí ocurrió un fenómeno que dio cuenta de que más allá de las intenciones de buena voluntad, aún falta mucho como sociedad para entender que la diferencia, en este caso física, lejos de ser un mal, es una oportunidad real para aprender nuevas perspectivas de cómo vivir. Un botón de muestra: en menos de cinco minutos los famélicos comensales que andaban a pie, vaciaron las bandejas, no dejando que personas con capacidades diferentes, como quien escribe, tuviesen oportunidad alguna de probar nada.

De vuelta al seminario siguieron las exposiciones donde destacó la cruda ponencia a cargo de Alberto Madrid Rojas, titulada “Estudio Educación Inclusiva”, donde entre otros datos recopilados por el Ministerio de Educación (Mineduc), constató que menos del 20% de las universidades nacionales cuentan con un área dedicada a atender las necesidades especiales de estos estudiantes. Para la Asistente Social de la Universidad de Playa Ancha, Fernanda Ramírez Montesinos, si bien es casi imposible poder dar cobertura a todas las necesidades que devienen tras las diferentes discapacidades, siempre hay algo qué se puede hacer.

“A lo mejor, y sólo por dar un ejemplo, faltaron documentos en formato braille para los asistentes que poseían problemas de ceguera. Sin embargo, con estas actividades damos opción a conversar sobre el tema de la inclusión en la sociedad, para entender que hay espacio para todos, en un ambiente de respeto”, reflexionó Ramírez.

En línea paralela a estas ideas, surgió la visión de la coordinadora de la Red RESI, Viviana González, que ve en este tipo de instancias una oportunidad para cambiar la cultura de la gente frente a la discapacidad. “Para generar un nuevo estadio cultural, primeramente se debe formar comprensión y entendimiento, y así lograr un proceso de sensibilización poniéndose en el lugar del otro, y siento que las universidades ya han iniciado este proceso, no sólo a nivel de aulas, sino a través de campañas, donde los mismos estudiantes con discapacidad han sido claves para apoyar este proceso”, puntualizó.

Sin embargo, hasta el término del seminario, pasadas las 14 horas, no hubo explicación de mayores esfuerzos de parte de ninguna política gubernamental clara que facilite la inclusión a nivel educativo, menos social, que permita una real independencia de las personas que por afanes de la vida, poseen habilidades diferentes a la mayoría de la sociedad. LOV

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