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La carta de una madre a su hija vegana que la odia

La carta de una madre a su hija vegana que la odia

Convertirse en vegano cuando todavía vives en casa de tus padres no es nada fácil. La paciencia es la clave, pero también la tolerancia de todos los miembros de la familia. De eso se queja una madre anónima en esta carta que ha publicado The Guardian. Ella aceptó el veganismo de su hija, pero su hija ya no acepta más a su madre. Evidentemente el debate entre defensores y detractores del veganismo se ha reabierto en el Reino Unido. El despertar vegano de una adolescente pone en jaque la relación madre hija. Esta es la carta:

“Cuando me dijiste que habías decidido ser vegana, me preocupé. Siempre habías tenido muchas manías comiendo y temía que, con esa dieta tan limitada que llevabas, no consiguieras alimentarte como es debido.

Pero tenías más de 18 años, así que era tu decisión. Además, empezaste a comer más fruta y vegetales e intentaste incluir las comidas y los suplementos adecuados en tu dieta, por lo que estaba, en parte, reconciliada con tu veganismo.

Foto: Freelee

Dijiste que tu motivación era el bienestar animal y el daño ecológico causado por la agricultura. Ambos motivos más que suficientes.

Con un hijo pequeño y un trabajo a tiempo completo, fue difícil investigar y cocinar para ti, pero acepté el reto. Y cuando te marchaste de casa para ir a la universidad, me aseguré que tu coche estuviera cargado de sopa vegana casera para llenarte la nevera.

Pero para ti no fue suficiente que aceptara tu decisión. Como me has explicado tantas veces, para ti, el veganismo no es solamente lo que comes —es un estilo de vida. Has visto todos los documentales pro-veganos, leído montañas de información en internet y puedes repetir sin problemas las frases más destacadas. Te has vuelto tan apasionada por la causa hasta el punto de convertirla en un dogma. No toleras ningún punto de vista contrario. Lo que es peor, ya no puedes respetar a nadie que no haya sido persuadido de ser vegano. Y eso me incluye a mí.

Estoy abierta a algunos de tus argumentos y he hecho cambios en mi dieta gracias a la información que me has hecho llegar sobre la cría intensiva de animales. Pero, como mujer de mediana edad, mis opciones se van reduciendo cada vez más y lo seguirán haciendo. No tengo ninguna intención de limitar todavía más mis decisiones haciéndome vegana. A tus ojos, eso solo me convierte en una egoísta.

Cuando quedamos, te llevo a restaurantes veganos y acepto de buen grado las opciones disponibles. Te mando recetas veganas y busco chocolate vegano para ti en el supermercado. Sé que aprecias mis esfuerzos, pero también sé que siempre se quedan cortos. Me he detenido incluso a explicarte mis razones por no ser vegana, pero siempre acabamos enfadadas.

Hay una contradicción incómoda en todo esto —te he criado para ser una mujer fuerte, poderosa y compasiva. Esperaba que fueras apasionada por lo que crees. Porque te he enseñado que la tolerancia es vital pero llega un punto, cuando se traspasa, una línea, que ciertos comportamientos no pueden ser tolerados. Por eso puedo entender, en parte, tu actitud.

Pero no te puedo explicar lo difícil que es vivir con el conocimiento de que le doy asco a mi propia hija. Para mí es muy importante sentir que merezco tu respeto.

Espero que, con tiempo y madurez, el dogma ceda el paso hacia una actitud más abierta. Pero mi miedo es que, mientras te estés regodeando en lo firme que eres sobre tu veganismo, tu repulsión hacia mí se mantendrá intacta. Y yo tendré que vivir con eso”.

Equipo de Redaccion

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