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Gilles Lipovetsky: “El capitalismo no ha arruinado a lo estético, lo ha generalizado”

Gilles Lipovetsky: “El capitalismo no ha arruinado a lo estético, lo ha generalizado”

El filósofo y sociólogo francés fue parte de la octava versión del festival Puerto de Ideas 2018 en Valparaíso, donde presentó su conferencia sobre los mercados de la belleza en el mundo actual.

Por Christian Le-Cerf León

Foto Gentileza de Pablo Kohler

“¿Sabes hablar inglés?”, me preguntó mi editor. “Yes, of course”, le dije tratando de hacerme el chistoso. “Ya, porque Lipovetsky te va a recibir a las 10:30, no después de la charla”. Esa frase me dejo helado. Estaba en la micro, recién en 1 Norte, y tenía que llegar al Hotel Diego de Almagro en media hora. La situación estaba clara: entrevistar a Gilles Lipovetsky en el marco de la versión 2018 de Puerto de Ideas, donde presentaba su charla “Los Mercados de la Belleza en un Mundo de Vacíos”, en la cual explora la tesis que vivimos en un Capitalismo Artista y que esto ha generado la aparición del Homo Esteticus.

Debo reconocer que en un principio me intimidaba encontrarme con él, más que mal no es cualquier persona: filósofo y sociólogo francés, participó activamente de las revoluciones de Mayo del ‘68, fue miembro del grupo marxista Socialisme ou Barbarie, Doctor Honoris Causa de varias universidades del mundo, profesor de la Universidad de Grenoble y condecorado como Caballero de la Legión de Honor, máximo galardón otorgado por el gobierno galo. Además de ser parte de la bibliografía obligatoria en algunos ramos que tuve en la universidad.

Durante el trayecto fui repasando las preguntas que tenía preparadas mientras revisaba mis notas sobre la charla. Al bajarme de la micro, con unos minutos de sobra, prendí el cigarro necesario para matar las ansias, mientras me encomendaba al cielo para que todo saliera bien. En el hotel y acreditado, me llevaron al comedor. “Lipovetsky está desayunando mientras hace otra entrevista, por favor espéralo aquí”, me dijo la chica encargada de coordinar la reunión.

Pude distinguirlo desde donde estaba parado. Entre medio del ruido de los comensales desayunando y las meseras que recogían los platos sucios, se escuchaba una voz ronca y fuerte recitando. Era un hombre pequeño de estatura, pero que radiaba una energía potente, que se sentía en todo el salón. Estaba conversando con una mujer, rubia y delgada, en el idioma musical que es el francés. Cerca de quince minutos esperé hasta que ella se fuera. La productora llegó justo y me acercó hacia Lipovetsky. Vestía una camisa azul, que provocaba que sus ojos se vieran más claros de lo que son. Me saludó de manera cordial, mientras su rostro reflejaba una dureza propia de la edad.

“Do you speak english”, le pregunté. Mirándome con desconcierto, solo respondió “no”. La seca negativa caló hondo en el comedor. La productora me preguntó si yo sabía francés, y cuando le dije que no sus ojos se abrieron instantáneamente. Ambos estábamos buscando una solución mientras Lipovetsky terminaba el resto de café que quedaba en la taza. “Martín”, sugirió el entrevistado, y como acto de sincronía apareció justo en la puerta. Martín Hopenhayn es un filósofo chileno que estudió en Francia, y al parecer ya tenía una buena relación con su par francés; era el encargado de presentar a Lipovetsky en la conferencia.

Tras explicarle la situación, accedió a participar de la entrevista como traductor, dando inicio a la conversación entre los tres en el comedor del hotel, mientras los otros huéspedes se retiraban y el ruido de la limpieza empezaba a hacerse más notorio.

¿Bajo qué contexto se enmarca su presentación en Puerto de Ideas?

Voy a presentar un concepto que he propuesto, el “Capitalismo Artista”. La expresión es un oxímoron, porque en general el capitalismo se plantea como si fuera lo contrario a esto, al arte, porque la lógica que posee es la del interés, la del dinero. Lo que muestro es que desde hace medio siglo hay una nueva forma económica y es un capitalismo de tipo estético, lo que quiere decir que es de parámetros estéticos: las formas, el diseño en el sentido más extenso de la palabra, la sensibilidad; las sensaciones se han incorporado a los mercados y toda la sociedad que hoy se entiende como de consumo es producto de este tipo de capitalismo.

¿Se podría considerar esta cómo la principal evidencia del capitalismo artístico?

No se trata de uno artístico, sino de un capitalismo artista. No es lo mismo, ya que un capitalismo artístico sería un capitalismo bonito (risas). Este no es para nada el capitalismo de la primera revolución industrial, que es el de las vías ferroviarias, de las grandes máquinas. Ahora estamos en los mercados de la sensibilidad, donde las marcas de lujo son una expresión clara de este sistema.

Bajo la idea de Capitalismo Artista plantea un concepto interesante: el Homo Esteticus ¿Cuáles serían las principales características para identificar a este personaje?

El Homo Esteticus es hipermoderno, y es efectivamente producto del capitalismo artista. Se define por las estructuras de este sistema: el rol del diseño, la hibridación de la economía con la creación, de los intereses y la cultura, la lógica de la moda en la producción. Pero también es cierto que la idea del homo esteticus ha causado mucha polémica, cada vez lo uso como término. La idea es que el capitalismo no ha arruinado a lo estético, todo lo contrario, lo ha generalizado.

Los rasgos principales son dos fenómenos contrarios, que se oponen: uno es la inflación del consumo estético. Cada vez que uno compra algo lo hace por la forma, porque es bonito. En el acto de consumo ya hay una relación con la estética: en el turismo, en la música. La música es un ejemplo típico del homo esteticus; todo el mundo la escucha, sobre todo los jóvenes que la oyen continuamente, en el metro están todos usando audífonos. La música no para. (Señala el celular) Y también uno usa esto para sacar fotos.

¿El otro fenómeno cuál sería?

También está la tendencia opuesta. Hay un increíble desarrollo del deseo de la gente de hacer el arte, no solo de consumirlo, sino ser productores. No necesariamente obras para museo, como lo son los clubes de cantos corales, la gente que toca la guitarra, la gente que escribe poemas, este tipo de festival por ejemplo, como el Puerto de Ideas, que es un festival de expresión. Hoy existe un deseo generalizado de creatividad, aunque seamos cada vez más consumidores igual hay un deseo muy fuerte de ser creadores.

¿Cree que el uso de Redes Sociales ha ayudado a la proliferación del Homo Esteticus?

La mayor parte de la gente anda sumergida en su Smartphone, pero no están leyendo a Kant ni a Platón en su teléfono. ¿Qué es lo que están haciendo? Miran fotos, envían fotos, reciben fotos, son productores y consumidores de imágenes, y se hace de una manera muy continua, muy rápida. Desde la galería del Smartphone van levantando y bajando fotografías. Se toman fotos de todo, ya sea la selfie o esta especie de narcisismo numérico de ponerse uno en la escena, o bien de buscar y encontrar cosas un poco más originales. De repente descubrir un objeto raro o una situación atípica, lanzarla a la red y esperar likes. Es una manera de comunicar fenómenos que son relativamente estéticos.

En Facebook no se habla mucho de política, es más bien del gusto: qué me gusta a mí, qué te gusta a ti, respecto del cine, de la música, de lugares turísticos, del mobiliario de la casa. Es un juego de circulación de placeres y gustos. Estamos hablando en las redes, donde no es una cosa de afirmación ideológica identitaria sino de circulación de los gustos; en la red tú eres lo que tú muestras. Por ejemplo me encanta el rap, y subes un grupo esperando los vínculos y llegan de inmediato los que aman el rap y le dan un like, una respuesta, un comentario. Es muy estético, es el mundo de la sensibilidad, muy consumidor además.

Plantea que no es una búsqueda de aceptación universal, más bien es de una propia comunidad, una comunidad interpretativa más que nada.

Toda la razón. La balcanización de Narciso, la fragmentación. Siguen habiendo espacios de grandes sistemas de pertenencia, pero no en las redes. Excepto para los que quieren manipular o las fake news, pero ese es otro tema, el de enviar información falsa. Pero la gente normal, común y corriente, las usamos para intercambiar fotos de nuestros niños, nuestras parejas, de la playa. “Estoy aquí, en Valparaíso, mira qué lindo”. Apenas llegué al hotel saqué fotos de la playa y se las mandé a mis amigos, no les dije “voy a hablar sobre el capitalismo” (risas). La foto es el gran medio de comunicación hoy en día.

Hace rato dijo que la gente hoy en día quiere crear. Entendemos que se multiplican las expresiones artísticas ¿Eso afecta la calidad del arte?

Es un tema interesante, ya que es algo recurrente desde el siglo pasado. Por ejemplo Jean-Luc Godard dijo en los sesentas que el cine ha muerto, que la televisión lo había reemplazado. Mucha gente dice que hoy, en efecto, se hacen cosas y ninguna de estas tiene mucho valor. Baudrillard dijo en algún momento que el arte se ha vuelto lucro. Cuenta que era muy amigo de los artistas, y que después de este texto no le hablaron más (risas).

Pienso que son posiciones que permiten ostentar una postura radical, pero que por lo común uno dice esas generalidades sin saber lo que se está haciendo. Por ejemplo escribí un libro sobre el cine, La Pantalla Global (2007), donde planteo que en la sociedad contemporánea nunca se ha producido tantos films como ahora; el cine se transformó en algo planetario. Antes estaba Hollywood, y un poco Francia e Italia. Ahora la producción está en todos lados. La Argentina, por ejemplo, tiene un cine increíble, con películas de calidad. Entonces esta especie de prejuicio que desaparece la calidad no es una verdad factual. Hay cada vez más productos que no tienen ningún valor, pero al mismo tiempo hay cosas fantásticas, excelentes, e incluso con un componente mucho más fuerte de lo que había antes.

¿Cómo cuáles, por ejemplo?

A veces films con muy bajo presupuesto… por ejemplo hace unos años Rumania ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes con una película sobre el aborto que es magnífica (4 Meses, 3 Semanas, 2 Días, 2007), y la hicieron casi sin dinero. Irán, Egipto, Argentina, hacen un cine increíble pero el problema es que son películas que cuesta ver, porque es tanta la cantidad de cintas que uno, a veces, se pierde esas que son de alta calidad. Ya no existe el problema de la censura, ahora el problema es la proliferación, tienes un film que desaparece de la sala en una semana. Si no tiene éxito inmediato la película muere, pero eso no quiere decir que la creación está muerta.

Actualmente hay películas sobre todos los temas del mundo. Antes era sobre los buenos y los malos, los cowboy, los gangsters, y habían personajes muy estereotipados. Hoy hay films de cosas muy sutiles y muy pequeñas, muy elementales, hechas con gran sensibilidad. Es cierto que ya no existe lo que caracterizaba al arte moderno a fines del siglo XIX, como lo fueron las grandes rupturas: el cubismo, el surrealismo, la abstracción de grandes cambios. Ahora no, pero no porque no haya ruptura no existe calidad, puede no haber ruptura pero hay mucha calidad y originalidad. En el milenio la ruptura no existía. La idea de originalidad radical solamente tiene un siglo y medio, antes no existía, porque por miles de años la gente hacía obras maestras sin ser rupturistas y eso sigue.

¿Entonces la gran cantidad que existe de expresiones artísticas es el problema de fondo?

El problema de hoy es que sufrimos de la proliferación, y la paradoja es que nunca hemos tenido tantas posibilidades de elección y al mismo tiempo el éxito solamente recae en pocos títulos. Es la lógica de que el que gana se lleva todo. Madona gana y recoge todo, y al mismo tiempo tienes miles de grupos, que no son todos geniales pero hay algunos que son muy buenos, que se pierden precisamente en esta lógica. Lo que los mata no es ni la represión ni la censura, es la proliferación.

¿Y qué es lo que provoca que estos artistas se lleven todo por sobre otros? ¿Cuáles serían los valores estéticos que permiten el éxito?

El tema del éxito es la cuestión de la que nadie tiene respuesta, si ya la tuviéramos el éxito estaría asegurado. Solo se constata una vez logrado, si no todo el mundo sería exitoso. Es una alquimia increíble que no se sabe bien ¿Por qué Madona y no otro? Pero de todas maneras en la lógica del mercado de las artes plásticas, por ejemplo, hay fenómenos de financiamiento, de marketing, pero no existe explicación porqué finalmente Jeff Koons es tan exitoso y otros no. Puede ser que después uno diga que detrás de él hay apoyo, pero que no agota el tema. No se puede plantear así el problema. Una vez que ya se ha logrado se puede explicar cómo ha llegado a ese nivel de éxito, se puede analizar hacia atrás.

¿Se le viene algún caso a la mente?

Las grandes estrellas de las artes plásticas. Podemos decir que fue original, que es una combinación particular, pero existen muchos artistas así, solo que hay algunos que son más celebres que otros. ¿Por qué? No hay forma de explicarlo, más bien se podría explicar en la gran época de las vanguardias, ya que en este periodo había una religión de las rupturas. Cuando Duchamp hace el Bidet es algo tan nuevo, tan chocante para la época, que era obvio que sí iba a destacar. Cuando Duchamp hace el Ready Made consigue mucho reconocimiento, pero en un mundo pequeño finalmente, el del artista, el de la galería. Pero hoy no, ahora el que se convierte en celebre lo es en todo el mundo. Y ahí volvemos nuevamente al capitalismo artista.

El mercado influye en esto, entonces.

En la época anterior, el mundo del arte y el mundo del mercado estaban separados; hoy están juntos. Las grandes marcas del mundo trabajan el problema de la hibridación e integración, precisamente, entre el arte y el mercado. En Louis Vuitton trabaja Murakami. Duchamp en su época no trabajaba para las marcas de auto, todo lo contrario, recién se creaba el mercado y las vanguardias lo despreciaban. Entonces sí era un éxito en esa época pero en un mundo más restringido, el del arte. En cambio hoy el mercado del arte contemporáneo ha explotado, y logra vender miles de millones de dólares. La estrella del arte no alcanza a dar abasto con el cliente potencial. Los ricos compran a precios exorbitantes obras de arte que incluso las usan especulativamente. La fama llama a la fama, entras en una dinámica de un círculo ascendente: cuánto más caro eres más famoso eres, y cuando más famoso eres más caro eres. Es una especie de espiral entre fama y dinero, en cambio la lógica anterior, la de las vanguardias, con ciertas excepciones como Picasso, no era así.

¿Existe un solo mercado artista, o se pueden plantear diferencias dependiendo de la zona geográfica?

Es un fenómeno mundial. En la primera modernidad no era así, era Norteamérica y Europa sobre todo, y algunos mexicanos o brasileros que viajaban para comprar cosas. Hoy el mercado del arte contemporáneo es planetario, el ejemplo perfecto es China. Ahí están los artistas más caros del mundo, en la supuesta China comunista, porque claro, tienen un mercado interno gigantesco, casi es un continente. Los japoneses, por ejemplo, también son súper creativos. El arte contemporáneo nació en Europa, pero ahora en esta dinámica actual es planetario, tanto en creación como en mercado. Y en Shanghái hay bienales de arte contemporáneo, en Hong Kong igual, con ventas gigantes en China. En todos los países del mundo hay bienales de arte. Estuve en Porto Alegre hace un tiempo y había una bienal para América Latina. En Buenos Aires, el año pasado, fue la bienal del arte de todas las américas. Este fenómeno se ha transformado en algo planetario, como el capitalismo.

Equipo de Redaccion

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