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Cristian Araneda, de Chile Residuos: “Las empresas deben ser responsables de valorizar los desechos que generan”

Cristian Araneda, de Chile Residuos: “Las empresas deben ser responsables de valorizar los desechos que generan”

La insalubre condición de los cerdos en Freirina generó una molesta hediondez que irritó a sus habitantes.

Entrevistamos al director de Chile Residuos, empresa gestora de desechos empresariales, con el que conversamos sobre los bullados casos de Freirina y Pelequén además de las recomendaciones que hizo su empresa a la eventual legislación que regulará la contaminación residual en Chile. Acá Araneda nos dice que las empresas no deben subestimar a las comunidades. Lea.

Por Víctor Guillou Vásquez

Provincia del Huasco: arde por completo un bus de carabineros y los pobladores enarbolan una bandera que dice “Freirina no se vende, se defiende”. Región de Valparaíso: cientos de personas marchan en contra de la construcción de 22 edificiosen las dunas de Concón. Región del Libertador Bernardo O’Higgins: quemas de neumáticos y barricadas cortan el tránsito en la carretera afuera de la comuna de Pelequén. Parecen casos aislados, pero no lo son. Su génesis común es la poca regulación medio ambiental en Chile y aquel sentimiento transversal de no querer ser pasados a llevar.

La irresponsabilidad medioambiental de las empresas es constante. En Ventanas, los pescadores denuncian constantes varamientos de carbón, como en la imagen.

Los tres casos son una muestra clara de que hoy la ciudadanía exige participación en las decisiones y un mínimo de respeto frente a situaciones que los afectan directamente. El primer caso en el norte explotó por los fuertes olores emanados por un criadero de cerdos, el segundo, por el amenazante hambre inmobiliaria por destruir parte importante de la naturaleza y, el último, por la apestosa hediondez de un centro de tratamiento de aguas servidas. Para el Gobierno estas protestas han  sido un verdadero dolor de cabeza, uno violento y  persistente, provocado por empresas privadas.

Sin embargo, cabe preguntarse si estas molestas acciones de empresas como Agrosuper o Colhue S.A se pudieron haber evitado. Todo indica que sí. ¿Qué pasa con el respeto por la norma medioambiental por parte de los privados? ¿Qué se está haciendo a nivel legal para prevenir conflictos como éstos?

Algunas de estas interrogantes fueron justamente las que se plantearon la semana pasada en el II Seminario de Educación, Ciencia y Tecnología en el foro: “Casos La Greda, Feirina y Pelequén: Contaminación y ¿progreso?”, organizado por la Universidad de Playa Ancha, donde expusieron expertos y dirigentes de las comunidad afectadas. Entre ellos Cristian Araneda, un ingeniero bioquímico, que encabeza Chile Residuos, empresa gestora de reciclaje corporativo e institucional.

Araneda trabajó 6 años en la Comisión Nacional del Medio Ambiente (Conama), involucrándose siempre en el manejo, valorización y cuidados de los desechos empresariales. Acá conversamos con él, sobre las malas prácticas de los privados, las leyes medioambientales que duermen plácidamente en el Congreso y sobre cómo las empresas no deben subestimar a la comunidad de ciudadanos.

CASOS FREIRINA Y PELEQUÉN: “NO HAY INSTANCIA ANTERIOR QUE EVITE QUE EL CONFLICTO SE DESATE DE MANERA VIOLENTA”

–  Tu empresa Chile Residuos participó en la confección del anteproyecto de ley que regularía los desechos nacionales. ¿Cuáles fueron las recomendaciones que entregaron a esta nueva legislación?

 “La ley general de residuos tiene la gracia que orienta a la minimización. Es una ley que impulsaría que se produzcan la menor cantidad de residuos que vayan a vertederos o rellenos sanitarios, y los que se generen, de alguna manera puedan ser valorizados. O sea, se recupere ya sea energía o materiales a partir de esos residuos. Hoy día, la normativa que existe apunta a cómo disponer los residuos. Pero no orienta mucho a hacia la minimización y sobre todo hacia la valorización para obtener de los residuos orgánicos energía mediante procesos de digestión anaeróbica. Se pueden obtener nutrientes como metrógeno, fósforo, potasio y otros más y luego usarlos como mejoradores de suelos, u otros materiales. Lo mismo con materiales más clásicos como son el papel, el cartón, las latas y los plásticos. Ese es el impulso que le daría una ley general de residuos, en dónde uno de los elementos centrales es la responsabilidad extendida del productor, donde en el fondo las empresas tienen que hacerse responsables de valorizar los desechos que generan”.

– La división Codelco Ventanas contamina en PuchuncavÍ, eso lo saben parlamentarios y habitantes. Sin embargo, empresas como éstas mandan a confeccionar estudios donde los resultados dicen que ellos no son los responsables de la contaminación. ¿Es acaso muy difícil comprobar que estas industrias son las que han arruinado una parte del borde costero en la Quinta Región?

Cristian Araneda (a la derecha) participando del seminario organizado por la UPLA.

“El tema de la emisión atmosférica, efectivamente es bien complejo poder demostrar la causa efecto. Es complejo demostrar quién y cuándo emitió un contaminante, porque generalmente los efectos de esa emisión se quedan en el receptor, y por lo tanto es muy difícil saber quién fue el emisor de ese contaminante. Hoy día se está apuntando más a tener filtros de emisiones continuos, por lo cual uno puede saber a la salida de la chimenea quién fue, o cuáles fueron las emisiones de manera permanente de las empresas. Pero en Chile no es una exigencia muy extendida tener este monitoreo, y sobre todo de material particulado que es más complejo aún de medir de manera continua. Es un tema en el cual se está avanzando pero que sigue siendo muy complejo”.

–  En los casos de Freirina y Pelequén, ¿por qué crees tú que fue tan mala la gestión de residuos que finalmente terminó en severos conflictos con los habitantes?

“Nuestra impresión es que cuando tú modificas el sistema de vida de las personas, con el tema de los olores, de las moscas (…) se generan estos actos violentos porque no te permiten seguir viviendo de manera normal. Una de las cosas que se mencionaron en el módulo que participé es que este tipo de proyectos generan todas estas movilizaciones una vez que el proyecto ya se construyó y está operando. No hay una instancia anterior que evite que el conflicto se desate al final de manera tan violenta. En otros países del mundo existen instancias anteriores donde se va concordando entre las autoridades y la comunidad los aspectos de regulación del territorio, de planes de desarrollo comunales y regional en donde es posible acordar dónde se ponen las industrias molestas (…) no como suele ocurrir acá como cuando queda una industria separada por la calle con un sector habitacional. Creo que hay que ir cambiando el switch para evitar reacciones violentas al final y no reaccionar una vez que estallan los conflictos”.

-¿Cuál es la responsabilidad de las empresas que a sabiendas que sus faenas son molestas, aún así las instalan cerca de terrenos habitados, tal como ocurrió en Pelequén y Freirina?

“Creo que ahí operaba la lógica básicamente del mercado. La decisión de dónde instalar una empresa, si el territorio no está lo suficientemente regulado, va a ser donde sea más barato y donde existan los recursos de agua, de suelo, de conectividad vial y dónde la superficie sea más barata. Ahí es donde se van instalar los diferentes proyectos productivos porque en el fondo hacen un análisis tipo económico. O sea, que vayan a estos lugares no es porque haya una intención de atormentar a las personas, sino que básicamente porque hacen un análisis económico de los recursos. Así opera el mercado y si el territorio no está lo suficientemente regulado, si no se puede adelantar al conflicto, esto se va a repetir. Yo conozco este tipo de conflictos hace por lo menos 10 o 15 años y se vienen repitiendo, cada vez más violentos, pero de alguna manera son los mismos. Por otra parte, también hay que mencionar que muchas veces las empresas no instalan todo lo que se requiere para empezar a operar. Porque, por ejemplo, en el caso de Pelequén se dispusieron lodos, residuos, generaron lixiviados y no tenían las plantas de tratamiento para esos lixiviados. También hay una deficiencia de las autoridades en el sentido de que exista algún tipo de recepción del proyecto, que sea menos factible que opere por partes, y no tengan la parte que mitigue el impacto medioambiental que se genera”.

– Es decir que la lógica del mercado seguirá provocando conflictos como estos, porque si siguen con malas prácticas la resistencia violenta de los habitantes se repetirá.

“Yo creo que cada vez más, (a fuerza de conflictos -lo que es negativo-), las empresas se están dando cuenta que no pueden ir en contra de una comunidad. O sea, hay una política de buen vecino y hay que tratar de presentar el proyecto y tratar de que sea una situación en la que todos ganen, y no imponer el proyecto por mucho que la gente no participe en las instancias anteriores. Por lo tanto, yo creo que las empresas van cada vez más están tomando la conciencia de que tienen que, de alguna manera, relacionarse mejor con las comunidades. Pero creo que también las comunidades tienen que hacerse la autocrítica de exigir, tanto a sus autoridades de nivel central como también a los alcaldes, que haya una regulación del territorio, exigir planes de desarrollo comunal, para que de alguna manera tengan una herramienta para poder regular el territorio, definir qué es lo que quiere cada comuna, cada región y así poder avanzar. Porque o si no, siempre se van encontrar con el conflicto al final del proceso, cuando ya la planta se construyó y empezó a operar”.

-¿Cuál podría ser el gran error en común que cometen las empresas cuando contaminan con sus residuos?

“Yo creo que por un lado está el tema de que subestiman a las comunidades y el acercamiento que tiene que tener con ellas, el acercamiento temprano. Antes de que estén pensando en un proyecto, la incorporación de la comunidad es clave. Es clave ir a presentar el proyecto antes de construir u operar. Cuando una empresa llega es el vecino nuevo, y la persona que ya estaba ahí viviendo tiene que preguntar y hacer las consultas y ver si es factible instalarse ahí. Y el segundo gran tema es cumplir con los compromisos. Si existe un proyecto que dice que se va a operar de tal manera, se tiene que respetar eso. Si no se produce una pérdida de credibilidad importante y se genera este tipo de conflictos”.

-Tu trabajas en este ámbito, ¿es muy común que las empresas empiecen a funcionar sin todos los implementos?

“En temas de manejo de residuos sí, es una práctica que ha ocurrido y hay varios casos los que se pueden mencionar, entre ellos los del relleno sanitario en la Región Metropolitana el año 2000, el caso de Pelequén… El caso de Freirina, por ejemplo, no tenía la planta de tratamiento de los residuos líquidos que se generan, por lo tanto son temas que se repiten. Claro, ellos dicen ‘lo voy a dejar para después’ pero con eso se genera un problema ambiental, se genera el problema del olor, y hay una pérdida de credibilidad por parte de las comunidades (…). Esta planta llegó a tener 500 mil cerdos, pero estaba diseñada para una población de 2 millones y medio. Era muy grande”.

-¿Cuál es la recomendación general para las empresas que tienen este tipo de faenas y que se instalan cerca de barrios residenciales?

El tema de los olores no es algo que debería nunca subestimarse, además de comenzar a operar con todos los implementos que se pactaron y que hacen un correcto funcionamiento. El tema de los olores en Chile no cuenta con una normativa general y como no hay normas claras, se minimiza el problema. Y creo que eso es un error, porque las empresas deberían estar conscientes que es un problema que provoca algún efecto ambiental y deberían abordarlo. Hay normativas extranjeras a la cual se podrían acogerse, con un mecanismo con el cual se pueden medir los olores y por lo tanto, es un tema que no se debería subestimar sino que incorporar”. LOV

Equipo de Redaccion

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