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Columna LOV: La indolencia de las empresas

Columna LOV: La indolencia de las empresas

Nos proveen de agua, luz y gas, pero también de grandes dolores de cabeza. Se trata de las empresas regionales de suministros básicos, que a lo largo de la década han sido culpables de desafortunados accidentes y se han negado a responder por ello. Los tres casos a continuación son el botón de muestra de su irresponsabilidad social.

El 14 de febrero pasado los damnificados del incendio de Rodelillo realizaron una misa para pedir a Dios que ablandara las conciencias de los ejecutivos de Esval. Pedir intervención divina puede parecer una medida desesperada pero vivimos tiempos desesperados donde las empresas que nos abastecen de los servicios básicos hacen oídos sordos a sus errores.

El incendio de Rodelillo consumió a más de 250 viviendas y no pudo ser apagado a tiempo por falta de agua en los grifos del lugar. No es el único caso en la región donde una empresa de servicios básicos es responsable directa o indirectamente en algún siniestro.  Siete años se cumplen desde la explosión en calle Serrano, que terminó con el comercio del sector y con la vida de cuatro trabajadores. Los responsables, Chilquinta y Gas Valpo, aún no indemnizan a los locatarios afectados; muchos de ellos han muerto sin ver justicia.

Menos dramático pero igual de preocupante es la liviandad con que Esval ha tomado el descubrimiento de cianobacterias en el agua que distribuyen en Concón, Quintero y Viña del Mar. Si bien no se ha reportado intoxicaciones masivas, estos micro organismos pueden producir graves problemas a la salud a largo plazo, como gastroenteritis y cáncer hepático.

Cuando un consumidor olvida pagar las cuentas, el servicio es cortado de inmediato y debe pagar el costo asociado a la reposición del servicio. Pero si alguna de estas empresas pone en peligro la vida, las viviendas y fuentes de ingreso de sus clientes, la respuesta es nula. La indolencia de estas tres empresas es descarada y lo peor, está amparada en normativas añejas.

Es común que en Chile nos resignemos ante las grandes compañías y pensemos que alguien debe morir para que tomen conciencia. Nos hemos acostumbrado a roturas de matriz y escapes de gas como parte normal del suministro, a la nula mantención de redes de agua potable, cañerías y conexiones eléctricas. Desgraciadamente no sacamos nada con lamentar el actuar negligente de estas tres empresas de servicios básicos, pero si recordar que aún tienen saldos pendientes con las víctimas de su irresponsabilidad. Víctimas que no son un número, que viven a diario las consecuencias de una situación en la que no pidieron estar involucradas.

Por Angela Rivanera Gac

Equipo de Redaccion

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