close
Carta abierta a Mon Laferte

Carta abierta a Mon Laferte

Sales al escenario con la furia de los años, los que fueron entre el olor a pan tostado en una pequeña casa, mirando un Viña que te daba la espalda. Ahí vienes y en los primeros pasos intuyo el peso de tu historia. Tanta pena, tanta risa, tanto anden esperando el bus a Santiago, con sueño, con ese miedo madrugado junto a la niebla costera que entra al Terminal con su olor a mar y ese frío de mierda. Aparece tu silueta y este teatro pareciera  explotar. Pero te veo todavía rumbo a la capital, a las capitales del mundo, a veces para perder, a veces para perder aún más. Te miras los zapatos y vas todavía nerviosa caminando hacia el frente y un estruendo de miles está a tu espera, pero quedan aún algunos pasos que dar. Te veo en aquel tiempo en un set televisivo que nos confunde a todos. Que pase el mar, que pase la cordillera, que pase el desierto, la selva. Que pase rápido esta tarde y que se apaguen todas las teles de Chile. Aprietas los dientes y pareces rendirte. Pero no, estudias, lees, escribes, trabajas. Tienes hambre y la matas con un pan en el tostador y un té con miel. Voy imaginando todo esto la verdad, cuando ya la gente extasiada se pone de pie a mi lado para recibirte. Las guitarras son del mundo, piensas, mientras masticas el “pan batido” con mantequilla. Habrán en tu ruta, guitarras amables y otras cuantas sonando traición. Das dos pasos más y tu amarillo vestuario comienza a brillar, a moverse tal y como debe ser, bajo la iluminación perfecta. Quizá en algún tiempo tuviste que decidir, bajo una ampolleta de 60 watts, que harías los próximos diez años. Sentada en tu cama, desde alguna casa vecina, suena algo de música que no logras distinguir. Luego silencio. Lloras. El miedo otra vez. ¿Qué hacer ahora?… La pregunta es grande, no te sirve. Vuelves a llorar. Mañana será la última madrugada de esas quizá, con olor a playas conocidas. No puedes dormir. Pero vuelvo a ti, ahora, ya casi llegas y las luces cambian. Frente a aquellos árboles que completan la puesta en escena, miles de jóvenes cabezas que con rosas adornan sus deseos y amor por tus formas. Ellos, ellas, ven en ti lo más hermoso que les pasó en sus vidas. Ellos, ellas, lo más hermoso que te está pasando. Y yo no dejo de pensar en que te ha costado tanto. Pero si, eres tú en ese enorme escenario caminando, avanzando. Diez años después sigues aproximándote al vértigo y te gusta sentirlo así. Te detienes, haces una reverencia de sincero agradecimiento, llena de cariño por este pueblo. Cantas, cantamos y somos un huracán. Nos rendimos a la música. Yo pienso en tus rodillas, en todo lo que han sangrado tras cada caída. Las cicatrices en ellas forman un mapa con el cual ya no podrás perderte. Sigues cantando, bailando, riendo. Estás ardiendo y todos los que somos acá, ardemos contigo. De pie entonan tus canciones en un coro violento y bello. Yo sigo enterrado en mi silla, devastado, impresionado, enamorado del momento. Me entrego a los músicos que acompañan tu viaje. Todo te pertenece, la noche entera y la humedad de la calle fuera del teatro. ¡Pero qué desgarrador como grita esta gente! No quieren irse, no te quieren lejos. Termina un concierto impecable. Tu sales del escenario y esta vez no logro imaginarme qué esconden tus pasos hacia el camarín. Sólo tú lo sabes y es así como debe ser. Eres ya parte de esta historia popular, de música, de artistas nacidos en un país que no siempre quiere a los suyos, un país que históricamente le teme a la belleza. Pudiste contra todo y te aplaudo más allá de lo que pueden mis manos. Acá me detengo. Salgo del teatro sin entender, con ganas de abrazarte, contarte de mis playas, de mi madre, mostrarte mis caídas en cada cicatriz y agradecerte por traer a estos días de rutina, donde nos creímos muertos y opacos, esas canciones teñidas de ancestros, madrugadas de niebla, costa, horizonte y mar. También por poner a mi propia abuela a mi lado un rato y simbólicamente poder cantar con ella sin cáncer ni tierra en nuestras gargantas.

¡Que las tristes historias se sigan escribiendo! Para que al cantarlas, volvamos a sentirnos tan vivos como en esta noche de memoria, volvamos a ser el fuego tan vivo que fuimos hoy.

Por Fernando Mena R.

21 de Junio del 2017

Teatro Caupolicán,

Santiago de Chile.

Equipo de Redaccion

Equipo de Redaccion

Esta información, nota, entrevista, artículo o escrito fue elaborado a base de agencias de medios, comunicados de prensa, colaboradores, redactores u otros medios de comunicación.

Comienza el ciclo “Danza en la Biblioteca… DeSenCHufaDos” y se abre convocatoria para creaciones

¿Cómo fue que el mundo literario de Murakami se infiltró en los videojuegos?